El profe Jaime (¿Qué hace un “comisionado” del sindicato?)

El equipo lo forman Lupe o Lupillo, quien es el más cercano al diputado y tiene jerarquía sobre los otros, Serratos o Serra, Vicente o Vice y Jaime o Jaimillo, quien se diferencia físicamente de los otros por ser chaparrito y más barrigón. El bigote, me parece, más que el acento norteño, es el rasgo común más notorio desde mi perspectiva chilanga. El diputado, a diferencia de ellos, tiñe sus canas como parte del cuidado de su imagen y porque, siendo congruente con su pensamiento político, es liberal y “está con la modernidad”.

Jaime es de Tampico y uno de los fundadores del primer Tecnológico de allá, eso asegura, donde fue docente antes de estar comisionado para el desempeño de tareas sindicales. Su formación académica es de profesor, pero lo de la política se le fue dando, “y es que el equipo viene de años”. Le gusta contar de cuando iban juntos en la Normal, una rural en la que sólo había hombres, que cuando se bañaban “los jotillos” veían quién estaba virilmente más dotado, para ofrecerle ayuda económica y didáctica, es decir, que le hacían las tareas o trabajos a cambio de una cogida, por lo cual al diputado lo tenían siempre con las mejores calificaciones. A la menor oportunidad o sin ella los del equipo reiteran que el diputado, Quiquilín, como le decían en aquellos años, “vive bien lejos”, que “calza grande”, como si fuera parte de su lealtad expresarlo.

El profe cambió su lugar de residencia a Ciudad Victoria desde que Enrique se colocó bien en La 30, su sección sindical, para formar parte de su equipo de tiempo completo, es decir, con una comisión definitiva. Era cuestión de tiempo para que llegara a líder, pues su “buena estrella” así lo marcaba, y él ha estado siempre para apoyarlo en todo lo que necesite. Así lo hizo cuando ganaron La 30 y luego en la campaña a la diputación.

Viene de Victoria en autobús el lunes o el martes y regresa igual el jueves o el viernes. Completa los ingresos que recibe de sus plazas con la venta de cajas de “vino”, en realidad de whiskey, que un cuate suyo le provee del aeropuerto. Cada vez que vuelve a Victoria se lleva una consigo. Allá también tiene un par de taxis que da a trabajar y de lo que le quedan “otros centavos”. Los días que está en la Ciudad de México se hospeda en el Hotel del Maestro, que es uno de varios que mantiene el sindicato para alojar a profesores que vienen a alguna comisión. Está en la colonia Santa María La Ribera y lo mejor de todo es que tiene una azotea donde los líderes seccionales y algunos de El Nacional (Comité Ejecutivo Nacional) se reúnen allí de vez en cuando para la tertulia. Lupillo es el experto en carnes asadas y Jaimillo en mariscadas. Sea de día, de noche o de madrugada, le da un gusto enorme que reconozcan su talento culinario.

Llega en la mañana a la oficina del diputado a cumplir con sus funciones operativas ordinarias. Coordina las gestiones en educación. Para ello revisa las solicitudes de la ciudadanía y le pide a una secretaria que realice los “oficios” correspondientes. Gente que quiere admisión a universidades, cambios de turno, entrega de “recursos” o dinero, becas, nombramientos administrativos y un largo etcétera. Generalmente “los oficios” ruegan a las autoridades correspondientes que “giren sus apreciables instrucciones a fin de que” y luego el nombre del ciudadano y la materia del asunto. Jaime se ocupa de esta labor, dado que es el más aventajado en el equipo en su formación académica, es quien arrastra el lápiz, por lo que se asegura de que estén correctamente escritos los nombres y la redacción. El profe tiene, además, sentido de la política, por lo que se asegura de que en los oficios vayan en altas los cargos correspondientes, como Secretario, Maestro, Licenciado, Senador o Presidente. Estando todo bien, lleva los oficios al diputado para que los firme. La secretaria se encargará luego de entregarlos a los ciudadanos cuando pasen a recogerlos.

Por las tardes, después de que se van las secretarias que salen a las 3:00, Jaime cumple con otra función operativa ordinaria: la realización de enlaces. Para ello toma posesión del escritorio con el teléfono al que llegan las llamadas del conmutador. Desde ahí responde a paisanos que necesitan hablar de larga distancia sin que les cueste y que piden que los enlacen, es decir, que se les permita aprovechar que las llamadas desde la Cámara son gratuitas, o sea, que ya están presupuestadas de manera anual. Llaman al número 01-800, luego los comunican a la extensión y el profe opera los enlaces. A la vez, su criterio y experiencia política, magisterial y sindical le permiten filtrar los asuntos y llamadas que deban ser del conocimiento del diputado como recado para su regreso o que deban ser hechos de su conocimiento de inmediato.

Mientras realiza estas tareas hay algunos tiempos muertos que aprovecha para el cuidado personal, como recortarse el vello de la nariz con unas enormes tijeras, a las que la secretaria no les da mejor uso, retirarse el exceso de cutícula con un cúter o asear de cerilla sus oídos con una llave. Por la nochecita, si hay que quedarse, hojea revistas de chavas para amenizar la estancia y romper con la rutina, pues, dice, le gustan las piernas de la mujer.

Son un equipo moderno, repiten. No son como ésos que andan todos como muéganos pegados al líder. Cada uno tiene sus tareas y se ocupa de lo suyo. Sólo de vez en cuando que hay que ir a El Nacional lo acompañan todos. El diputado es muy sencillo, pues contesta solo su teléfono y su Nextel. Por lo general con el chofer se las arregla para ir y venir.

Jaimillo está emocionado. Es un día especial. Presume una camioneta que le prestan, un mueble, dice, que “está con madre”. Una camioneta Ford Lobo negra, doble cabina, que enciende a control remoto. Se le ha encomendado una comisión de la más alta responsabilidad: ir a Tampico a comprar una cantidad de mariscos equivalente a dos hieleras. Él sabe exactamente quién y dónde vende los mejores del puerto. No sólo el prestigio, sino la carrera política y sindical del diputado van de por medio: es el tributo que va llevar como obsequio a la líder, La Maestra, en el día de su cumpleaños, más o menos como hacían con Moctezuma para llevarle pescado fresco del Golfo. Manejará la Lobo de día para volver de noche y preservar así, bien helada, la valiosa carga. “Voy, vengo”. Se despide.

Foto: SNTE

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