Educación y telenovelas

Alonso Lujambio será recordado por quienes le tienen aversión por ese fragmento de una declaración en el cual dice que las telenovelas podrían ser un instrumento poderoso contra el analfabetismo y el rezago educativo.

Lujambio —quien no fue el mejor secretario de Educación que haya habido, por mucho, pero sí un tipo inteligente, bien educado y profesor universitario—, desde luego que no planteaba que la televisión hiciera el trabajo que le corresponde al ministerio del que era titular. La declaración fue expresada en el contexto del trigésimo aniversario del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, el 17 de marzo de 2011.

Pero la declaración luce particularmente negativa tanto porque había una airada campaña propagandística contra Televisa por parte de un excandidato-precandidato opositor, como por los malos contenidos de buena parte de la programación de la empresa, que lejos de contribuir a la educación parecen ser sus adversarios.

Se trató de un buen deseo que no se ve respaldado, no se diga en la realidad, sino en algún proyecto, plan o programa. Y un titular de la administración pública no está para manifestar buenos deseos, sino para demostrarnos lo que está haciendo y explicarnos lo que está por hacerse conforme a sus responsabilidades.

Sin embargo, Lujambio tiene razón en lo que dijo. Aunque la finalidad de la televisión comercial no es educativa, eventualmente sí puede constituirse en un buen apoyo a la educación pública, al difundir contenidos informativos y formativos de un modo sencillo y didáctico. Una de las pocas notas que se publicaron en esos días sobre el tema fue ésta: Lágrimas, risas ¿y educación?

No es algo nuevo en México. Ya ha hay experiencia y con buenos resultados en asuntos del mayor interés público como la alfabetización de adultos y la planificación familiar. Se trató de telenovelas con el explícito objetivo de hacer una pinza con el gobierno en temas particularmente sensibles y prioritarios para éste tratados a modo en una trilogía didáctica producida por Televisa y con Silvia Derbez como protagonista en Ven Conmigo, Acompáñame y Vamos Juntos, en las que la Secretaría de Educación Pública participó directamente con la productora Irene Sabido.

¿Qué tan buenos fueron los resultados, en qué cantidad o medida? Es difícil calcularlo, un reto investigarlo, pero sí puede afirmarse que hubo un cambio cultural y que algo tuvo que ver el apoyo televisivo a las políticas públicas en la materia.

Ven Conmigo (1975) es la historia de una maestra rural, Caridad Escobar, que se dedica a llevar a cabo la campaña de alfabetización del gobierno en comunidades muy pobres y aisladas. El INEA tenía apenas cuatro años en que había sido creado y a esta telenovela se le atribuye haber ayudado en la difusión de su campaña para que millones de adultos se motivaran y se animaran a aprender a leer y escribir. Fue exportada a América Latina y Estados Unidos para el mismo propósito. Con ella se dio difusión también a una campaña de salud en cuanto a vacunación.

Acompáñame (1977) fue una telenovela para explicar y dar confianza sobre el uso de anticonceptivos, de las ventajas de poder decidir y planear cuántos hijos y en que momento tenerlos. Esto resultó de la mayor importancia por lo siguiente: si en los años sesenta la píldora anticonceptiva permitió la revolución sexual, fue en los años setenta cuando la planificación familiar se asumió como una política de Estado en México, prácticamente como un tema de seguridad nacional.

La tendencia en el crecimiento de la expectativa de vida de la población, así como la reducción de mortandad infantil, apuntaba a la ingobernabilidad en un país con un promedio de más de siete hijos por madre. Imposible proveer y asegurar servicios públicos a tanta gente en tan poco tiempo y sin aumentar en la misma proporción los recursos para ello. No se trataba de que en México hubiera una revolución sexual, sino de que no hubiera una revolución social.

Las recomendaciones del Banco Mundial aparejadas a los créditos que otorgaba al gobierno mexicano, incluían la de reducir la tasa de natalidad por medio de métodos anticonceptivos provistos por el sistema nacional de salud.

Si consideramos la importante presencia e influencia de la Iglesia católica en esos años, queda claro que tenía una muy fuerte oposición contra el uso de métodos anticonceptivos. Acompáñame fue entonces una telenovela de vanguardia, de oposición y desafío a las presiones del clero.

En Vamos Juntos (1979-1980), Derbez interpretó a Lupe Pistolas, a una mujer víctima del maltrato que logra superar su condición de pobreza y baja autoestima gracias a que estudia hasta llegar a ser maestra. Un ejemplo de superación y reivindicación de la condición de mujer en un contexto machista y clasista.

El melodrama se presentó como una escuela para padres, a modo de guía sobre cómo educar a los hijos en casa, objetivo que hasta la fecha tiene relativo buen éxito en la televisión pública como Canal Once y en buena parte de la programación radiofónica, en programas de orientación y asistencia psicológica.

Se aprovechó su transmisión para también dar mayor difusión a una campaña para alimentar a los bebés con leche materna, que después sería fuertemente apuntalada por medio de la persona de Verónica Castro.

Los temas que hoy en día vienen al caso para telenovelas didácticas son tan numerosos como importantes: el abuso infantil, la trata de personas, la discriminación, etcétera. Así como no hay temas frívolos, si el tratamiento es serio, la telenovela puede ser un recurso didáctico serio si así se plantea, tanto por sus contenidos como por el tratamiento de ellos. El problema es que Silvia Derbez haya hecho más por la educación del país que algunos secretarios de Educación.



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