Introducción a la “grilla”. A propósito del regreso del PRI

La cultura política es el conjunto de mitos, ritos, símbolos y relatos en torno a los cuales se establecen las relaciones de poder. La del Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha sido la que ha dado al sistema político mexicano sus rasgos más pintorescos, como las “charolas”, los séquitos, los “acarreos”, el “besamanos”, la “pasarela”, el “tapado”, el “dedazo”, el “año de Hidalgo” y muchos etcéteras. La derrota del PRI en la elección para la Presidencia de la República en 2000 no ha implicado el fin de esta cultura política. Algunos de estos rasgos han venido desdibujándose o perdiéndose y algunos nuevos vienen configurándose, pero puede reconocerse la persistencia de esas formas que se han vuelto más o menos características al ejercicio del poder. Los priistas que se fueron a otros partidos, según les convino, llevaron sus hábitos a ellos, y quienes arribaron al poder sin pasar por las filas del tricolor los adquirieron en el camino.

Con el regreso del PRI a la Presidencia están de vuelta en la administración pública federal las camarillas, los equipos y todo el protocolo inherente a ellos. La “grilla”, esa manera de practicar la cultura política particular, posee un lenguaje y protocolo propios que deben dominarse para participar debidamente en ella. Sí, en política la forma es fondo. Véanse las siguientes bases.

LOS ACTORES

El líder. Es quien representa los intereses de las bases y lucha por atender sus necesidades y cumplir sus compromisos. Para ello, el líder gira instrucciones a su equipo, toma acuerdos con otros líderes y marca la línea. Por lo general, ha sido otro líder quien lo ha apadrinado para llegar a ocupar la posición que tiene: la de líder.

El equipo. “Andar en la grilla” quiere decir que se pertenece a un grupo que va y viene con su líder y realiza las tareas que él requiere: desde tener lista su camioneta en el lugar correcto hasta traer siempre los cigarros que le gustan; desde tomar recados de las llamadas que recibe hasta cargar su portafolio; desde hacer carnes asadas hasta organizar la porra.

Las bases. Son el apoyo popular que tiene un líder, los efectivos con los que cuenta para movilizaciones, para votar a su favor o presionar a sus adversarios. Las bases son sindicatos, grupos de colonos, organizaciones campesinas, comités estudiantiles, frentes cívicos, comités distritales y, en general, los beneficiarios últimos de los famosos programas sociales, pero no por sus carencias sino por sus lealtades.

LAS PRÁCTICAS

Dar, recibir o pedir línea. El líder siempre señala a su equipo y a sus bases aquello de lo cual se debe estar a favor o en contra, puesto que no se debe opinar ni actuar sin conocer qué es lo que marca la línea. Es importante tener en cuenta que la línea puede cambiar dependiendo de las circunstancias, aun hacia extremos opuestos.

Tomar acuerdos. Es una de las actividades más importantes de la chamba del líder, quien se reúne con líderes aliados para decidir la posición que se debe tener sobre un asunto y definir la línea. El líder no se manda solo: también toma acuerdos con líderes antagónicos o rivales, pero siempre para ganar algo a cambio de ceder algo.

Picar piedra. Para formar parte de un equipo se requiere hacer méritos. Una manera de hacerlo es operar para el líder y su equipo durante un periodo no convenido sin paga alguna, hasta que el líder o alguien cercano a él acepte finalmente darlo de alta en alguna nómina.

Gestionar o “hacer gestoría”. Puesto que el líder tiene compromisos con sus bases por las promesas que les ha hecho a cambio de su apoyo, su equipo debe dar respuesta a las solicitudes de ellas: plazas laborales, servicios públicos, materiales para construcción, dinero en efectivo, viviendas, inscripciones en planteles educativos, permisos, licencias, etcétera. Para ello se les entrega a los miembros de las bases cartas (u “oficios”) en las que, invocando el nombre del líder, se solicita a las instancias competentes, aliadas o adversarias, que den respuesta efectiva a todas esas demandas.

Hacer guardia. Consiste en que uno o varios miembros del equipo permanezcan durante los fines de semana, los días festivos o a altas horas de la noche y la madrugada pendientes de que ocurra algo importante —como puede ser una llamada telefónica, una invitación o un fax de alguien importante— para informarle de ello al líder. Esta práctica se estableció en una época en la que no había telefonía celular ni correo electrónico ni medios electrónicos que informaran de inmediato, pero se conserva como una bonita tradición que da testimonio de la disciplina y el sacrificio de la militancia.

Esperar instrucciones. No siempre el equipo debe ir completo de un lado a otro con su líder, por lo cual una parte se queda esperando instrucciones en alguna base de operaciones mientras se ilustra con la lectura pormenorizada de algún diario deportivo, incrementa su vocabulario resolviendo crucigramas o contempla la belleza femenina gracias a alguna revista especializada. Estas actividades concluyen cuando llega la instrucción de qué hacer, como quedarse allí o ir a esperar instrucciones a otro sitio.

Operar. Es una manera de esperar instrucciones activamente. Es decir, mantenerse dentro del rango de vista del líder en todo momento para poder dar respuesta inmediata a sus instrucciones o para dejar constancia de que puede contar con uno. Si el líder pregunta: “¿Qué estás haciendo?”, la respuesta no puede ser otra que: “Operando, mi líder”.

Manifestar apoyo. Movilización semiespontánea de las bases para expresarle a su líder que representa genuinamente sus intereses y que están esperando a que gire sus apreciables instrucciones.

REGLAS DEL LÍDER

Ejercer el presupuesto. El líder nunca debe gastar de su sueldo; para eso está el presupuesto. Todo es facturable o puede cargarse a la nómina, al fondo revolvente y, en último caso, a una cooperación “voluntaria” del equipo o de las bases. El presupuesto es para ejercerse y no para devolverlo a Hacienda, no vaya a ser que el próximo año venga un recorte.

Guardar las formas. 1) El líder debe saber comportarse apropiadamente con cada grupo de interlocutores. Un líder se reconoce porque sabe darse su lugar. Debe permitir que su equipo haga su trabajo y le brinde las atenciones que merece. Con su equipo debe ser enérgico y estricto; con otros líderes, amable y prudente y, con las bases, apapachador y diligente (por ejemplo, entregando de mano los apoyos). 2) Nunca enojarse. Mejor dicho, nunca manifestar enojo (“tragar sapos sin hacer caras”). Es decir, hay que saber negociar con otros líderes. Es preferible ganar algo que perder todo, apoyar al triunfador y cobrar cuentas “en frío”.

Contacto con las bases. El líder debe dejarse querer. A las bases les gusta el festejo. En tales ocasiones hay que darles abrazos efusivos y hablarles bonito, bailar con las señoras, agradecerles las porras y refrendar sus compromisos. Nunca decir que no. Prometer no empobrece: siempre habrá alguien del equipo a quien echarle la culpa si no puede cumplirse con lo dicho.

REGLAS DEL EQUIPO

Hacer equipo. Nunca hay que saltarse las trancas. En el equipo hay jerarquías establecidas que dependen de la proximidad que se tiene respecto del líder.

Ponerse la camiseta. 1) Nunca brillar por uno mismo. Al líder se le debe dar su lugar siempre. El equipo trabaja para el líder y no para sí mismo, por lo que todo esfuerzo, talento y logro de su gente deben tener ese fin. 2) Nunca hay que cambiar de líder. Debe estarse con él en las buenas y en las malas. Si el líder cambia de partido, hay que seguirlo; si renuncia, hay que renunciar.

Leer entrelíneas. 1) Las decisiones las toma el líder. 2) Nunca se debe cuestionar ni contradecir al líder. La política se rige por intereses, no por razones, por lo cual el líder sabe lo que es mejor para él y su gente. No hay que entenderlo, sólo hay que cumplir con sus instrucciones y seguir la línea.

Apoyar al líder. 1) Puesto que el líder requiere mantener elevada su autoestima y estar seguro de sí mismo, el equipo debe expresarle todas las virtudes que posee y algunas otras, admirar su buen gusto y confirmar que tiene razón en todas sus afirmaciones. 2) Hay que cubrir la espalda del líder. Su equipo está para protegerlo de periodistas malintencionados y “grillas” de los adversarios. El líder nunca tiene la culpa, siempre un miembro del equipo deberá cargar con ella.

REGLAS DE LAS BASES

Apoyar. Hay que confiar en el líder. Tarde o temprano, él cumplirá. Por eso hay que acudir a todos sus llamados. Marchar, protestar, votar, “hacer bola” y “echar porras” son las principales maneras de corresponderle al líder por los beneficios que ha recibido de él o que próximamente se recibirán.

Estar ahí. Cuando por cualquier causa el líder deja de serlo y su lugar es ocupado por otro, a ése es a quien habrá que apoyar de ahora en adelante.

LOS VALORES

Existen dos valores supremos sobre los cuales se han basado las reglas. Tanto el líder como su equipo y las bases deben cimentar sus actos sobre ellos.

Disciplina. Consiste en saber esperar los tiempos, cumplir con las instrucciones que se reciben, alinearse, nunca manifestar disgusto o antipatía; aguantarse cuando se pierde y no quejarse.

Lealtad. Los errores se perdonan, las traiciones no. El líder, el equipo y las bases deben ser leales entre sí, no como un asunto de principios o ideales, sino por simple sobrevivencia.

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