¿Qué es ser de izquierda? ¿Como López Obrador? ¿O como Raúl Castro?

Los presidentes de México y Cuba, Enrique Peña Nieto (EPN) y Raúl Castro (RC), respectivamente, se reunieron durante la Primera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en Santiago de Chile. Ambos coincidieron en el propósito de “relanzar” la relación entre ambos países.

Casi al mismo tiempo, pero en otro contexto, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) declaró que fue invitado a participar en la firma del Pacto con México, tal como hicieron los líderes de los partidos políticos, con lo cual se hubieran incluido algunas de sus propuestas de campaña en el documento para que se les hubiera dado cauce en forma de acuerdo en el Congreso.

Pero no aceptó porque habría implicado reconocer a EPN como presidente. “¿Cómo vamos a pactar con ellos? —objetó—, o sea, nadie pactaría con una banda de malhechores”. Aseguró que hubiera sido “reconocer a un gobierno surgido de un fraude”. Para él, habría sido una simulación porque, según su juicio, la política que se aplica en México beneficia sólo al uno por ciento de la población, a los más ricos.

Es decir, para AMLO y sus partidarios del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), su identidad como izquierdistas implica ser adversarios del PRI y descalificar la legitimidad del gobierno de EPN. Para ellos, ser de izquierda auténticamente no permite sentarse en la misma mesa con priistas —ni con militantes del Partido Acción Nacional, porque para ellos son lo mismo—, ni aunque sea por un objetivo que pretenda ser superior, como el país o la patria.

La participación de EPN en la Cumbre se refirió al libre comercio entre los países en la región como motor del desarrollo de la región, una premisa que bien podría calificarse como neoliberal o derechista por quienes detestan al salinismo, característico en la economía por privatizar empresas públicas y liberar aranceles. EPN se manifestó explícitamente por “convenir la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas”, además de “refrendar nuestra convicción y acuerdo con el libre mercado”.

Por su parte, un gobierno socialista, el de Cuba, respetado y admirado por no pocos partidarios y dirigentes de Morena, no tiene ningún inconveniente en reconocer a EPN como presidente de México ni en considerarlo un interlocutor para lograr acuerdos que permitan el beneficio de ambas naciones. Así lo hizo a las pocas horas de que el Instituto Federal Electoral calificó la elección del primero de julio del año pasado. En esa ocasión Raúl Castro hizo llegar sus felicitaciones y expresó su voluntad de que continuaran desarrollando las relaciones de amistad y cooperación.

Desde hace varios años Cuba es un país abierto a la inversión extranjera y seguramente su gobierno está interesado en que ese uno por ciento del que habla AMLO lleve allá parte de su capital para favorecer el crecimiento y desarrollo económico de su país. Lo que para uno que se dice de izquierda es el diablo, para otro es una oportunidad de bienestar. Mientras en Cuba operan empresas noruegas, venezolanas y de varios países más para exploración y extracción de petróleo, sin que consideren mancillada su soberanía, para los amloístas tocar el monopolio paraestatal de Pemex es un tabú.

Si Raúl Castro reconoce a Enrique Peña Nieto como presidente de México, algo no cuadra con eso que los partidarios de Morena llaman izquierda. Tan sólo por historia, nadie sabe y tiene más autoridad de lo que es ser izquierdista y socialista que Raúl Castro. ¿Qué es ser de izquierda, entonces? Pues no hay una sola definición, hay tantas como cada líder o caudillo y es la que mejor le convenga a cada uno.

Izquierda y derecha son palabras útiles para hacer discursos, pero inútiles para analizar y explicar la realidad, puesto que son polisémicas, significan tantas cosas al mismo tiempo dependiendo quienes las pronuncien. Cualquier concepto de izquierda o derecha se tiene que acotar y subordinar para quien quiera gobernar con buenos resultados.

Fidel Castro recibió al Papa Benedicto XVI, con todo y que el marxismo es ateo y que la revolución socialista en Cuba está basada en este principio, porque la incipiente sociedad civil está montada básicamente en la estructura parroquial y pastoral de la Iglesia católica, por medio de la cual ingresan recursos para atender algunas de las necesidades de la población en situación de pobreza. El régimen no necesita legitimidad entre sus convencidos del partido comunista, pero sí entre los católicos o la gente que está cercana a la Iglesia, que son los desfavorecidos por sus políticas.

Gobernabilidad es la capacidad de un gobierno para dar respuestas positivas a las demandas y presiones que reciben. Para ello, las ideologías y las purezas conceptuales resultan secundarias. Lo más importante es prevenir y resolver problemas, no la congruencia.

Un criterio similar aplica AMLO para recibir en las filas de su movimiento a priistas de mala reputación, con pasado salinista. En vistas a la rentabilidad electoral y los recursos que puedan aportarle, no importa tanto la congruencia con los principios.

¿Qué es ser de izquierda? Todo depende lo que le convenga a cada quien.

Imagen