Sexualidad y catolicismo, una relación complicada

Que la pederastia no está relacionada con el celibato sino con la homosexualidad, dice el director de prensa del Vaticano, y que ante tanto erotismo y libertinaje sexual como el que propician los libros de texto, no es fácil mantenerse en el celibato y el respeto a los niños, asegura el vocero de Episcopado Mexicano. ¿Qué pasa? La Iglesia católica sostiene una relación complicada (como se dice en los perfiles de las redes sociales de internet) con la sexualidad, que la tiene sumida en una crisis tanto por el conocimiento público de las víctimas de abusos y los pagos de indemnizaciones como por el cuestionamiento a sus principios doctrinales. ¿Qué dicen éstos? ¿Son vigentes? ¿Son acordes a los valores con que los propios católicos quieren regir su vida privada y social?

Intérpretes de dios

¿Es tan importante quién tiene (o no tiene) relaciones sexuales con quién y por qué, para determinar si esas personas son buenas o malas? En primera instancia podría considerarse que sí es importante cuando no hay el consentimiento (por edad o voluntad) de alguna, porque haría de ella víctima de un abuso. De ahí en fuera uno podría estar de acuerdo con que, en tanto no se cause daño físico o emocional a otro o sí mismo, la actividad o inactividad sexual o coital de las personas no tendría por qué hacer más o menos buenas a unas y malas a otras. El caso es que para la Iglesia católica sí es muy importante: le atribuye a la castidad una virtud capaz de hacer cualitativamente distintas a las personas que la viven respecto a las que fornican: camino a la santidad unos, en pecado los otros; buenos y malos. Toda la doctrina moral católica sobre la sexualidad opera sobre estos dos polos, sin matices ni puntos intermedios; como blanco y negro, cielo e infierno, o dios y demonio.

Tanto bien le atribuye a la castidad que la exige a sus ministros de por vida, el celibato. Sin embargo, durante sus primeros 306 años no era obligatorio en la Iglesia primitiva. Fue hasta el Concilio de Elvira que así se estableció. Tan ambiguas son las fuentes documentales —bíblicas— en las que se fundamenta la doctrina católica, que a lo largo de la historia su Iglesia ha convocado a numerosos concilios, especie de congresos, para definir de manera infalible cuál es la única interpretación correcta en cada caso, la verdadera. A esto se le llama magisterio y es lo que hace decir a la Biblia lo que se supone que dios manda, como cuando el vocero de Vicente Fox decía: “lo que el presidente quiso decir, fue que…” Sobre la base de estas interpretaciones que han hecho tradición, se fundamenta la teología moral de la Iglesia católica para la castidad, la fornicación y demás temas relativos a la sexualidad. Veamos algunos ejemplos.

Sexualidad y fornicación

Puesto que no hay ningún dogma sobre la sexualidad, como no sea el la virginidad de María, toda la doctrina de la Iglesia sobre ella está determinada por el sexto mandamiento, que según el catecismo es “No fornicarás”, con fundamento en  Éxodo (capítulo 20, numeral 14) y en Deuteronomio (17,5), ambos del Antiguo Testamento. Pero cuando uno consulta lo que dicen puntualmente las referencias, no coinciden, pues en la primera es: “No cometerás adulterio” (“You shall not commit adultery”, en la edición en inglés); y en la segunda: “No matarás”, porque es en el numeral 18 donde también dice: “No cometerás adulterio” (“You shall not commit adultery”). De modo que su propio aparato crítico es inconsistente. ¿Cuándo, cómo y por qué “no cometerás adulterio” se convirtió en “no fornicarás”.

La fornicación se define en el mismo mandamiento como “la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos. Además, es un escándalo grave cuando hay de por medio corrupción de menores”. La fornicación forma parte del conjunto de “ofensas a la castidad”, junto con la lujuria, la masturbación, la pornografía, la prostitución y la violación. Para el catolicismo todo placer sexual “es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión”, las cuales  sólo se encuentran en el matrimonio.

¿Pero cuándo se concibió que fuese tan mala la fornicación? Hasta el siglo XVII, en 1676, el Papa Inocencio tercero decretó como errores en materia moral que “la fornicación de suyo no envuelve malicia alguna y que sólo es mala por estar prohibida, que lo contrario parece disonar enteramente a la razón” y que “la masturbación no está prohibida por la naturaleza”, de ahí que “dios no la hubiera prohibido” (Véase: Heinrich Denzinger, Enchiridion Symbolorum et Definitionum). Así, en algún momento de la historia de la Iglesia “No fornicarás” lo habrán vuelto (alias el magisterio) intercambiable o supletorio de “No cometerás adulterio”.

Homosexualidad y Sodoma

La doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad se basa principalmente en la interpretación a “La corrupción de Sodoma” de la Biblia y en la “ley natural”, y está al nivel de la suspicacia de Evo Morales o de la condena a Galileo en cuanto que ignora los avances científicos relativos a los conceptos de identidad sexual, orientación sexual, preferencia sexual y otros definidos por la American Psychological Association y la American Psychiatric Association (véase http://www.apa.org y http://www.psych.org), asumidas por los organismos internacionales en materia de salud y derechos humanos. Algún los jerarcas católicos rectificarán y pedirán perdón, pero por lo pronto es materia de continua equivocación. Si el magisterio define como “fornicación” a la “unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio”, deja fuera a un muy amplio rango de posibles o factibles uniones. Ni siquiera en el caso de las uniones carnales entre hombres y entre mujeres hay una definición suficiente, porque la homosexualidad está concebida como “relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo”.

Según el catecismo, “apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves “, la tradición ha “declarado siempre” que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”, que “son contrarios a la ley natural”, “cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso”. Por lo cual “las personas homosexuales están llamadas a la castidad”, lo que es profundamente discriminatorio y, por lo tanto, injusto.

Pero si uno lee la referencia a Génesis (19,1-29) no hallará que la destrucción de Sodoma y sus habitantes haya sido por actos homosexuales, sino por intento de violación. Según el texto, los nativos de ahí le dijeron a Lot: “¿Dónde están esos hombres que vinieron a tu casa esta noche? Tráelos afuera para que tengamos relaciones con ellos”. Los invitados, que eran ángeles con apariencia de hombres, no consintieron la solicitud e hirieron a los sodomitas. Luego “el Señor” hizo caer fuego y azufre sobre Sodoma y también Gomorra, pero no dice que haya sido a causa de actos homosexuales. Después de ello Lot cometió incesto con sus dos hijas (por voluntad de ellas), puesto que los sodomitas no se las aceptaron, pero “el Señor” ni ángel alguno manifestó desaprobación por ello. En el capítulo previo se explica que la destrucción se debió a que no había “justos” en esas ciudades. Asimismo, en Eclesiástico (16,8), otro libro del Antiguo Testamento, aclara que “el señor” abominaba a los de la ciudad donde vivía Lot “a causa de su orgullo”.

¿Ley Natural?

Precisamente, el primero de octubre de 1986 la Congregación para la Doctrina de la Fe —siendo su prefecto el Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI— publicó la Carta sobre la Atención Pastoral a los Homosexuales u Homosexualatis Problema, cual comienza, como dice su título por considerar a la homosexualidad como un problema, puesto que la sola “tendencia o condición homosexual” constituye “una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral”. Para fundamentar esto, argumenta que: “la doctrina de la Iglesia sobre este punto no se basa solamente en frases aisladas, de las que se pueden sacar discutibles argumentaciones teológicas, sino más bien en el sólido fundamento de un constante testimonio bíblico”, según el cual “los textos sagrados no son comprendidos realmente cuando se interpretan en un modo que contradice la Tradición viva de la Iglesia. La interpretación de la Escritura, para ser correcta, debe estar en efectivo acuerdo con esta Tradición”. O sea, lo que dios quiso decir respecto a la homosexualidad esy no… lo que dice ahí textualmente. Es como si la autoridad clausura un antro gay porque viola alguno o varios reglamentos, pero luego una versión periodística predominante asegura que lo clausuraron por ser de onda gay, lo cual fue merecido porque sus clientela es de lo peor.

En lo que se refiere a la ley natural —que es más o menos como el sentido común o conocer por medio de la razón—, se trata de un recurso del que se debe disponer cuando no hay otros elementos de juicio, pero si se tienen no cabe superponerla a ellos. Por ley natural seguiríamos seguros de que la tierra es plana y el sol gira alrededor de ella, o que la esclavitud es buena porque formaba parte del orden social, como consideraba Aristóteles.

De modo que los fundamentos documentales y tradicionales de la doctrina católica parece que no dan para mucho: sus conceptos son pobres para analizar y valorar la complejidad de la realidad contemporánea, sus fuentes son precarias, además de ambiguas e incongruentes, las inferencias son desproporcionadas respecto a las premisas y las interpretaciones parecen forzadas a querer confirmar lo que previamente se tiene por verdadero. El método de la fe va en contrasentido al de la ciencia, en suma.

Política ficción

El Papa Benedicto XVI se comprometió a entregar a la justicia penal a los sacerdotes sospechosos de abusos sexuales a menores (El País, 19 de abril), lo cual es el cumplimiento de la Guía para comprender los procedimientos fundamentales de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) cuando se trata de las acusaciones de abusos sexuales, una especie de manual de procedimientos para casos de crisis que fue dado a conocer una semana antes, pero que data de hace nueve años. Ahí se instruye el procedimiento al interior de la corporación  eclesiástica, según el cual primero la diócesis local debe investigar las denuncias de abuso sexual cometidas por uno de sus clérigos y si considera que pueden ser verdaderas, debe remitir el caso a la CDF, luego entonces “debe seguirse siempre el derecho civil en materia de información de los delitos a las autoridades competentes”. Luego hay una especie como de ley fuga: que el papa le dispensará la obligación del sacerdocio a los acusados que así lo soliciten y “habiendo reconocido sus delitos”. Pero no queda claro que deba ser o no entregado o denunciado a la autoridad civil.

¿Y con el puntual seguimiento de esta guía bastará para que cesen los abusos sexuales? ¿Es suficiente? ¿Qué más falta para que dejen de cometerse, para que no vaya a haber uno más? Si no hay cambios de forma y fondo podría pasar como con la guerra contra el narco: matan a unos capos y los reemplazan otros, de modo que parece el cuento de nunca acabar, así pueden sancionar a unos pederastas y luego llegarán otros. ¿Si la despenalización del tráfico de droga se considera la llave para abatir el delito del narcotráfico, cuál puede ser la correcta para que el abuso sexual deje de cometerse en la institución católica? ¿Alguna relacionada con los polos de la castidad y fornicación? ¿Y habrá voluntad de cambio o gato pardismo?

ANEXO

Guía para comprender los procedimientos fundamentales de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) cuando se trata de las acusaciones de abusos sexuales

La legislación que se debe aplicar es el motu proprio «Sacramentorum sanctitatis tutela» de 30 de abril de 2001, junto con el Código de derecho canónico de 1983. Esta es una guía introductoria que puede ser útil a los laicos y no canonistas.

A. Procedimiento previo

La diócesis local investiga todas las denuncias de abuso sexual de un menor por parte de un clérigo. Si la acusación es verosímil el caso se remite a la CDF. El obispo local transmite toda la información necesaria a la CDF y expresa su opinión sobre los procedimientos que hay que seguir y las medidas que se han de adoptar a corto y a largo plazo.

Debe seguirse siempre el derecho civil en materia de información de los delitos a las autoridades competentes.

Durante la etapa preliminar y hasta que el caso se concluya, el obispo puede imponer medidas cautelares para salvaguardar a la comunidad, incluidas las víctimas. De hecho, el obispo local siempre tiene el poder de proteger a los niños mediante la restricción de las actividades de cualquier sacerdote de su diócesis. Esto forma parte de su autoridad ordinaria, que le lleva a tomar cualquier medida necesaria para asegurar que no se haga daño a los niños, y este poder puede ser ejercido a discreción del obispo antes, durante y después de cualquier procedimiento canónico.

B. Procedimientos autorizados por la CDF

La CDF estudia el caso presentado por el obispo local y, cuando sea necesario, también pide información complementaria.

La CDF tiene una serie de opciones:

1. Procesos penales

La CDF puede autorizar al obispo local a incoar un proceso penal judicial ante un tribunal local de la Iglesia. Todo recurso en estos casos se presentará a un tribunal de la CDF.

La CDF puede autorizar al obispo local a incoar un proceso penal administrativo ante un delegado del obispo local con la asistencia de dos asesores. El sacerdote acusado está llamado a responder a las acusaciones y a revisar las pruebas. El acusado tiene derecho a presentar recurso a la CDF contra el decreto que lo condene a una pena canónica. La decisión de los cardenales miembros de la CDF es definitiva.

En caso de que el clérigo sea juzgado culpable, los dos procesos —el judicial y el administrativo penal— pueden condenarlo a una serie de penas canónicas, la más grave de las cuales es la expulsión del estado clerical. La cuestión de los daños también se puede tratar directamente durante estos procedimientos.

2. Casos referidos directamente al Santo Padre

En casos muy graves, en los que el proceso penal civil haya declarado al clérigo culpable de abuso sexual de menores, o cuando las pruebas son abrumadoras, la CDF puede optar por llevar el caso directamente al Santo Padre con la petición de que el Papa promulgue con un decreto «ex officio» la expulsión del estado clerical. No hay recurso canónico contra esa decisión pontificia.

La CDF también presenta al Santo Padre solicitudes de sacerdotes acusados que, habiendo reconocido sus delitos, piden la dispensa de la obligación del sacerdocio y desean volver al estado laical. El Santo Padre concede estas peticiones por el bien de la Iglesia («pro bono Ecclesiae»).

3. Medidas disciplinarias

En los casos en que el sacerdote acusado haya admitido sus delitos y haya aceptado vivir una vida de oración y penitencia, la CDF autoriza al obispo local a emitir un decreto que prohíba o restrinja el ministerio público de dicho sacerdote. Esos decretos se imponen a través de un precepto penal que implica una pena canónica en caso de violación de las condiciones del decreto, sin excluir la expulsión del estado clerical. Contra esos decretos es posible el recurso administrativo ante la CDF. La decisión de la CDF es definitiva.

C. Revisión del «motu proprio»

Desde hace algún tiempo la CDF ha emprendido una revisión de algunos de los artículos del motu proprio Sacramentorum sanctitatis tutela, con el fin de actualizar dicho motu proprio de 2001 a la luz de las facultades especiales concedidas a la CDF por los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI. Las modificaciones propuestas, que se están examinando, no cambiarán los procedimientos antes mencionados.

 

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