Dios, patria y Bimbo

“Si los valores cristianos pueden iluminar y estimular el comportamiento de los hombres en la empresa y sus objetivos, también estos valores pueden enriquecerse con la eficacia y realismo de los valores de la empresa”, dice Lorenzo Servitje Sendra,[1] fundador del Grupo Bimbo, una de las pocas trasnacionales exitosas de México, la cual desde hace algunos meses es repudiada por una parte de la militancia de la izquierda local debido al financiamiento que otorgó para campañas en contra de su candidato el año pasado.

Los padres de don Lorenzo, de origen catalán, llegaron a México en 1904 y fundaron la pastelería El Molino en 1928 cuando él tenía diez años de edad. Muy joven quedó al frente del negocio familiar y en 1945, mediante una flotilla de camiones repartidores, se aventuró a vender pan de caja empaquetado a las tiendas pequeñas. Luego su producción y distribución se amplió a la bizcochería o pan dulce, y en 1956 a pastelillos y galletas con la marca Marinela.[2]

Si alguna empresa mexicana ha aprovechado los acuerdos de libre comercio parece ser Bimbo. Mientras que otras fueron avasalladas o quebradas por sus competidoras extranjeras, ésta se mantiene como campeona nacional invicta en la producción de alimentos y goza de una saludable expansión. A la fecha es la principal panificadora en América Latina y la segunda más importante del mundo. Sus ventas netas durante 2006 fueron de 5,200 millones de dólares gracias a que tiene 73 plantas de producción, tres comercializadoras y 1,700,000 puntos de venta localizados en México, Estados Unidos, Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Perú, Venezuela, Uruguay, Austria, la República Checa y, a partir de noviembre de 2006, China, mediante la compra de la subsidiaria española Panrico en Shangai. Precisamente, la estrategia que Bimbo ha seguido es la de adquirir las panificadoras locales más importantes para no tener competencia, lo cual le ha permitido “su consolidación operativa” (www.bimbo.com.mx).

En el caso de Estados Unidos, donde Bimbo es líder en Texas, su éxito radica en los veintitantos millones de mexicanos que viven allá, quienes tienen un poder de compra superior al de los cien millones que hay en México. Lo que Bimbo les vende allá no es pan, sino nostalgia: el recuerdo de un desayuno familiar en su pueblo de origen, revivir el sentimiento de recompensa que un Gansito (pastelillo de chocolate) significó para ellos en su infancia o la alegría de hallar dentro del empaque calcomanías, estampas o juguetitos. Bimbo es “el pan de México”, dice su publicidad.[3]

A sus casi 90 años don Lorenzo está retirado como empresario y mantiene el cargo de presidente honorario —en tanto su hermano Roberto es el presidente del Consejo de Administración y su hijo Daniel es el director general—, por lo que se dedica de lleno a actividades filantrópicas, de las cuales ha sido en México un pilar moral y financiero mucho antes de que se acuñaran en la jerga del management la expresión empresa socialmente responsable. A la vez ha sido un importante impulsor de la politización del clero y el empresariado católico en cuanto a lo que llama “dimensión social de la fe”.

Grupo Bimbo sostiene económicamente a varias fundaciones e instituciones para el desarrollo rural, el empleo “productivo” y la investigación educativa. Una de tantas es Fincomun, una “sociedad financiera popular”, es decir, que da crédito a gente pobre. Vicente Fenoll, su director, es “un Robin Hood urbano”, según la revista Expansión.[4] Bimbo participa con un porcentaje de acciones, pero lo más importante puede ser que los empleados de Fincomún se transportan en camiones de reparto de la panificadora para vender sus servicios financieros, que incluyen “cuentas de dinero ético” (sic), en las tiendas de abarrotes. “Darles dinero a los pobres, más que cuento… negocio”, con cerca de cinco millones de dólares de intereses cobrados en el año.

Don Lorenzo apoya a título personal a otras tantas organizaciones no lucrativas. Su consentida es el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, A.C. (Imdosoc) fundada por él mismo y un grupo de empresarios de ideas afines en 1983, con la aprobación y apoyo de la jerarquía católica en México, Latinoamérica y El Vaticano, con el objetivo de “orientar y animar a los cristianos a que vivan plenamente su fe en una sociedad compleja, impersonal y frágil. Y piensa que esto debe hacerse contribuyendo sobre todo a formar a quienes enseñan, informan, dirigen o ejercen algún liderazgo en la sociedad” (www.imdosoc.org.mx). De modo que el Imdosoc es una especie de think thank que presta asesoría en temas políticos y de ética social a distintos obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano, a la vez que es un centro de adoctrinamiento para que los líderes católicos se alineen a la ortodoxia papal. Cabe mencionar que todos los directores de Bimbo tienen la obligación de asistir a un “curso de formación social” para aprender los contenidos de la doctrina social de la Iglesia, impartido por la Unión Social de Empresarios de México (USEM), organización que fue presidida por don Lorenzo, antecedente del Imdosoc.

Paralelamente a la formación doctrinaria, entre los proyectos del Imdosoc para la asistencia a los pobres está el de la adopción de familias indígenas en Chiapas, al sureste de México, mediante el pago mensual de una despensa, así como el financiamiento de microempresas. Aunque puede haber un millón de indígenas en la miseria en la zona metropolitana de la capital mexicana, a quienes se podría ayudar con relativa facilidad y menor costo, acciones como estas reducen la posibilidad de que las comunidades a mil kilómetros de distancia en la selva pasen a constituirse en bases de apoyo o reclutamiento guerrillero.

Las actividades filantrópicas y político-religiosas de don Lorenzo mantuvieron un bajo perfil ante la opinión pública hasta hace una década, cuando un nuevo y pequeño canal de televisión transmitió un programa en el que varios entrevistados manifestaron haber sido victimados sexualmente por un importante líder de una congregación religiosa católica. Entonces el Grupo Bimbo advirtió al canal que retiraría toda su publicidad si persistían estos contenidos en la programación. En ese momento numerosos periodistas, intelectuales y políticos de izquierda manifestaron su repudio a lo que consideraron una ataque a las libertades de expresión y de prensa.[5]

A partir de entonces las actividades de don Lorenzo y el Grupo Bimbo relativas a la “dimensión social de la fe” han sido motivo de controversia. El episodio más reciente se dio cuando el actual presidente Felipe Calderón, durante su campaña en el centroderechista Partido Acción Nacional (PAN), reconoció haberse reunido con don Lorenzo y recibido dinero. De él dijo: es “una persona a la que aprecio, a la que le pido consejos frecuentemente, y que es un hombre, en lo personal, que considero muy valioso”.[6] Meses antes don Lorenzo apoyó económica y moralmente a un político regional para que fuera candidato a la Presidencia, famoso por gobernar su provincia con mano dura, Alberto Cárdenas Jiménez, quien fue nombrado por Calderón ministro de Agricultura.

Los resultados en cuanto a “la dimensión social de la fe” no han sido menores si consideramos que en la anterior administración, el entonces presidente de la República, Vicente Fox, nombró ministro del Trabajo al vicepresidente del Imdosoc,  Carlos Abascal Carranza, y durante el sexto año de su gobierno lo hizo ministro del Interior. Abascal fue permanentemente criticado por los opositores debido a las manifestaciones de su fe religiosa en actos públicos y por detalles relativos a su vida privada que trascendieron a la opinión pública, como oponerse a que en el bachillerato al que asistía una hija suya se incluyera entre las lecturas para su clase de literatura un libro de Carlos Fuentes por considerarlo inapropiado para jovencitas.

La elección presidencial en 2006 fue la más competida en la historia de México, y es seguramente una de las más cerradas que haya habido en cualquier país, con una diferencia de menos de quince décimas de punto porcentuales. Muchos seguidores del derrotado candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, consideran que fueron víctimas de un complot en el que participaron empresas que financiaron una “campaña sucia” en contra de él. Los militantes de su partido, el de la Revolución Democrática (PRD), realizaron en marzo de este año una asamblea en la que llamaron “a toda la población” a “no consumir productos de las empresas que financiaron el fraude” y acordaron, entre otros puntos, “dar continuidad a la campaña contra empresas que insisten en monopolizar el mercado y el poder político y económico” —Bimbo, entre las que nombraron—, por lo cual ahora tienen una pequeña panadería que produce pan de caja con la marca Mi General, que venden en una oficina del partido. Parte de las utilidades se donarán a la organización del movimiento de “resistencia” de López Obrador.[7]

Si bien no se le puede acusar a Bimbo de monopolio en México, puesto que hay muchas panaderías, de hecho no tiene competencia en cuanto al pan que se vende en grandes almacenes tipo Wal Mart ni en las tiendas pequeñas, puesto que todo el pan de caja y bizcochería empaquetada con distintos nombres también pertenecen a su Grupo, que es dueño de cien marcas y elabora cinco mil productos (www.bimbo.com.mx). Por cierto, sus choferes son ejemplo de prudencia y cortesía, caso excepcional en la capital de México, y sus empleados suelen manifestar orgullo de trabajar en el Grupo; pero no deja de parecer discriminatorio a la vista de algunos críticos que en sus ofertas de empleo publicadas en la prensa se establece entre los requisitos el de no tener tatuajes ni aretes y llevar el cabello recortado.

Interesante caso de neoconservadurismo, de modernidad económica y pensamiento religioso. Y no obstante el éxito de Bimbo, don Lorenzo se ve a sí mismo y a los empresarios católicos como una minoría amenazada que se sacrifica, puesto que además de “ganar el pan de cada día”, aunque sea vendiéndolo por millones, tienen la tarea de “buscar el reino de Dios”. De allí que recuerde la figura evangélica de Mateo 10.16: “Mirad cómo yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como la serpiente y sencillos como la paloma”.[8]


[1] Lorenzo Servitje, Una práctica cristina de la empresa, folleto sin pie de imprenta.

[2] Roberto Servitje, Bimbo. Estrategia del éxito empresarial, Pearson Education: México, 2003, pp. 5-27.

[3] Las ventas de Bimbo en Estados Unidos equivalen a más del treinta por ciento del total del Grupo. En 2003 eran cercanas a mil doscientos millones de dólares anuales. Ibidem, p. 22.

[4] Marina Delaunay, “Un Robin Hood Urbano” en Expansión, núm. 904, México, 24 de noviembre de 2004, p. 49.

[5] Por cierto, la publicidad de Bimbo predica con el ejemplo. Dice don Lorenzo: “nos resistimos a la tentación de hacer anuncios con contenidos de violencia, sexo, provocación o vulgaridad”. Lorenzo Servitje, La sociedad contemporánea y el empresario, Limusa, México: 1979, p. 74. ¿Pero qué publicista en su sano juicio propondría a su cliente un comercial pornográfico o sangriento para vender pan de caja?

[6] Declaración publicada en el diario La Crónica de Hoy, México, 14 de febrero de 2006.

[7] La Crónica de Hoy, México, 20 de marzo de 2007.

[8] Lorenzo Servitje, Una práctica cristina de la empresa, op. cit., p. 12.

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