Aldeanos, locales y tangencialmente globalizados

¿Qué puede ser más mexicano que unos tacos al pastor de tortillas de maíz y cerdo importados de Estados Unidos, servidos en un plato de plástico hecho en China, con una Coca-Cola hecha en México por mexicanos, salsa de chile importado de China, y en una taquería con una imagen de la Virgen de Guadalupe fayuqueada de China, mientras se ve en una televisión, fayuqueada de quien sabe donde, un partido de fútbol de la Selección Nacional en la que desde hace varios años han participado extranjeros nacionalizados y mexicanos que juegan en el extranjero? ¿O que una hamburguesa McDonald´s con salsa verde, en una franquiciataria de la ciudad de México o Guadalajara, de dueños mexicanos, hecha por trabajadores mexicanos con insumos producidos en México —con excepción de la papa que es traída de Canadá—, incluyendo a el pan de México, el pan Bimbo que se vende incluso en China, mientras se escucha a la mexicana Belinda, hija de españoles, que dice en su canción “necesito un breakI forgot”? ¿O que un toquín de skatos que bailan con tenis Converse chinos canciones en español, gritan vivas al EZLN y a México, le mientan la madre a los gringos y saludan jubilosamente a la bandera nacional?

Ni Mc´Donald´s, Wal Mart, Starbucks, Madonna, Eminem, I-Pod, Microsoft, Zara, Harry Potter, Coelho, ni cualesquiera otros íconos, referentes o imperios de la globalización reemplazan, se sobreponen o vencen a K´Paz de la Sierra, el comercio en puestos semifijos en la vía pública (ambulante), la torta de tamal, el chisme cara a cara, Cañitas, Místico, La Fea más Bella, el fútbol llanero, las Chivas, las ferias de pueblo, etcétera, porque a fin de cuentas hemos asumido diversos efectos de la globalización como parte de lo mexicano más allá de la fetichización de las marcas.

En el índice de globalización publicado por la revista Foreign Policy, correspondiente a una edición de 2005, México ocupa el 42° lugar  en una lista de 62 países que poseen el 96 por ciento del Producto Interno Bruto mundial y el 85 por ciento de la población. El país más globalizado, valga la expresión, es Singapur, y le siguen Irlanda, Suiza y Estados Unidos.[i]

El índice se construye con doce variables que miden la integración económica,[ii] la conectividad tecnológica,[iii] el contacto personal[iv] y los compromisos gubernamentales[v] de cada país y su comparación entre sí, y confirma empíricamente lo que dice Néstor García Canclini sobre la experiencia de la globalización para la mayoría en México: somos diferentes culturalmente, desiguales económicamente y desconectados tecnológicamente.[vi] Estamos mucho menos globalizados de lo que a veces puede pensarse de tanto escuchar o leer discursos sobre la globalización, incluidos los países que están en los primeros lugares del índice: actualmente en todo el mundo más del 90 por ciento de las llamadas telefónicas, del tráfico en Internet y de las inversiones son locales.[vii] Con razón el propio García Canclini se refiere a los aspectos imaginarios de la globalización como elementos constitutivos de las múltiples narraciones que de ella se han hecho.[viii]

Entonces, ¿qué nos hace o hace a muchos imaginarse o suponerse globalizados o inmersos en un proceso de acelerada e irreversible globalización? Pues además de esas narraciones, las evidencias parecen ser:

1. El libre comercio.- por la sustitución de productos hechos en México con los provenientes del extranjero, y también por la dependencia de las variables macroeconómicas a condiciones foráneas.

2. La modernidad democrática.- por la adopción de ideas, valores y discursos referentes a la tolerancia, la diversidad, la equidad, la transparencia y la rendición de cuentas, así como la administración del gobierno basada en políticas públicas diseñadas, implementadas, operadas y evaluadas por profesionales especializados.

3. La infraestructura de telecomunicaciones.- por la amplia penetración de tecnologías de la informática digitales en los procesos de las actividades productivas y los servicios, y en las aplicaciones para las relaciones interpersonales mediante dispositivos maquínicos como la computadora personal y el teléfono móvil o celular.

4. La emigración.- por el medio millón de connacionales que anualmente desde hace un sexenio se van a vivir a Estados Unidos, los cuales se suman a los millones de mexicanos que radican allá y mantienen relaciones familiares, económicas y culturales con sus lugares de origen.

5. El consumo cultural.- por los productos de las industrias culturales provenientes del extranjero, principalmente los audiovisuales, y el contenido simbólico relativo a ellos manifiesto en marcas comerciales, estilos de vida, hábitos de consumo y formas o medios de entretenimiento.

Pero si el nivel o grado de globalización es diferente o diferenciado entre las naciones, también lo es en los respectivos ámbitos domésticos. Más aún, mientras que en países como Singapur o Suiza los efectos de la globalización son más o menos uniformes en el conjunto de su población, en otros como México se viven de manera disímbola, diacrónica y segregada entre los polarizados deciles de sus habitantes multimillonarios, pobres y miserables, así como entre sus regiones o municipios con niveles de vida equivalentes unos a los del primer mundo u otros a los de África subsahariana.[ix] Asimismo, la participación en los distintos aspectos de la globalización es subjetivamente variable dependiendo de las actividades profesionales de cada quien, su escolaridad, ingresos, identidades culturales, consumo cultural, prácticas culturales, rango de edad y otras variables. De modo que es posible que en muchas familias los miembros que las componen estén a su vez globalizados de distinta manera y grados entre sí, al punto que podría decirse que la experiencia de la globalización llega a ser un asunto personal.

En general son los jóvenes quienes más han constituido así sus identidades culturales, quienes están o se supone que podrían estar más globalizados. A fin de cuentas quienes hoy tienen 18 años de edad nacieron el mismo año que fue derrumbado el muro de Berlín, y entre quienes tienen 29 tal vez sea una minoría quien lo recuerde en relación con alguna anécdota. Sin embargo, la Encuesta Nacional de Consumo y Prácticas Culturales publicada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) permite matizar esta idea.[x]

Con base en la lectura de esta encuesta, varias otras de Mitofsky, estudios de consumo cultural, juventud y valores, e informes de la Secretaría de Educación Pública, de los que requeriría citar numerosos datos porcentuales y estadísticos que por razón de espacio no tienen cabida, afirmo que además de diferentes, desiguales y desconectados, la gran mayoría de los mexicanos jóvenes puede definirse como: monolingüe (exclusivamente hispanoparlante), autorreferencial (nacionalista) y videófila (consumidora de imágenes). Acaso en lo que los jóvenes se diferencian más de la población en rangos de mayor edad es en su proclividad a la adopción de valores democráticos, en que proporcionalmente hay un mayor uso de la computadora personal para trabajar, aprender y, sobre todo, entretenerse y comunicarse.

Con todo y la vecindad con Estados Unidos, los millones de mexicanos que viven allá, los millones de cruces fronterizos y  el comercio entre ambos países, el conocimiento del idioma inglés y su práctica es notoriamente bajísimo y la gran mayoría de los jóvenes siguen viendo programas de televisión producidos en México, películas o series dobladas al español; escucha música en español de los géneros grupero, pop y balada; eventualmente leen algún libro de Paulo Coelho o superación personal, con cierta frecuencia revistas de espectáculos.


[i] “Measuring Globalization” en Foreign Policy, mayo-junio de 2005, pp. 52-55. Disponible en http://www.foreignpolicy.com.

[ii] Comercio e inversión extranjera directa.

[iii] Usuarios de Internet y servidores.

[iv] Viajes internacionales, turismo y transferencias personales de dinero.

[v] Membresías en organismos internacionales, transferencias financieras gubernamentales, tratados internacionales ratificados y contribuciones a misiones de pacificación de Naciones Unidas.

[vi] Véase: Néstor García Canclini, Diferentes, desiguales y desconectados, Barcelona, Gedisa, 2004.

[vii]  Pankaj Ghemawat, “La globalización del 10%” en Foreign Policy, Edición Española, abril-mayo de 2007, pp. 68-74. Disponible en http://www.fp-es.org/

[viii] Véase: Néstor García Canclini, La globalización imaginada, México, Paidós, 1999.

[ix] Véase: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Informe sobre Desarrollo Humano, México 2004, México, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2005.

[x] Véase: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Encuesta Nacional de Consumo y Prácticas Culturales, México, Conaculta-UNAM, 2004. El 36.8 por ciento de los jóvenes de 23 a 30 años no leyó ni un libro en el lapso del año previo a la encuesta, y 40 por ciento no ha oído hablar del Conaculta, p. 173, entre muchos otros datos interesantes y pertinentes para referir.

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