La ‘guerra santa’ de la Santa Muerte

(Milenio Semanal, núm. 598, 6 de abril de 2009).

“Coleccion de Oro”

“El altar tiene tres años. Primero empezó la devoción de mi esposo, ya que había un altar en su trabajo y ahí todos eran devotos”, explicó la señora G a un reportero al que abrió la puerta de su casa para mostrarle el lugar que tiene para el culto. En una de las fotografías se ve de medio cuerpo a la anfitriona cargando a La Niña Blanca. En otra foto, un retrato de cuerpo entero durante una de sus jornadas laborales, viste uniforme azul marino, botas militares, guantes y lleva una ametralladora M-16 colgada al hombro. Es policía.

Esto aparece en la revista Devoción a la Santa Muerte, en el número nueve de su “Colección de Oro”, titulado Altares, que data de hace tres años. En la portada dice en letras grandes: “La fé (sic) y el agradecimiento se muestra en todo México”, y cita una decena de colonias del Distrito Federal donde “La Niña Blanca es venerada”. Una de estas es Magdalena Contreras y se refiere al altar en la casa de la oficial G, quien comenzó a “creer más” cuando una de sus compañeras de trabajo “estaba bien mala”, entonces “la Santa entró” a su casa “y a las tres horas ya no tenía nada”.

Doña G comenta que sus hijos “creen en ella”. Su mamá no es devota, “pero sí la respeta mucho”. Y de parte de su esposo “sus sobrinos ya son devotos, y sus hermanos también se están convirtiendo”. Entre las ofrendas, pueden verse más retratos de su esposo y sus hijos. Él viste camisa azul y el flash relumbra sobre su placa de la Secretaría de Seguridad Pública del Gobierno del Distrito Federal. Al día de hoy, la revista citada tira semanalmente 25 mil ejemplares en todo el país. Y no es la única de su tipo.

El evangelio de La Santa

Es como cualquiera otra misa católica. Sólo que al llegar a la homilía (sermón), el obispo reflexiona sobre el Evangelio con referencia a La Santa. El templo es una casa adaptada para el culto en la calle de Nicolás Bravo número 35, en la Colonia Morelos, más cerca de la Candelaria de los Patos que de Tepito. La asistencia dominical parece integrada por los vecinos del rumbo y no llega a una centena de personas. Son familias con niños pequeños, ancianas; nadie parece ser miembro de un cártel o un sicario.

Monseñor David Romo insiste en las bondades de La Santa, en los frutos positivos para quienes le piden dinero, salud y tranquilidad. Da testimonio de una experiencia que tuvo recientemente. Fue de compras y a nadie más que a él le hicieron un descuento que no pidió, por lo que le alcanzó para tres cosas cuando había pensado que sólo llevaría una. Esto lo atribuyó con toda seguridad a la voluntad de La Santa. Aseguró a los parroquianos que La Santa los puede ayudar a tener dinero, salud y tranquilidad, que nunca regresarán a su casa sin al menos un peso, que les va a conseguir aunque sea para el microbús. Con molestia recordó que derribaron altares de La Santa en Nuevo Laredo, por lo que citó a los devotos el próximo domingo a las siete de la mañana para realizar una procesión hacia el Zócalo, como una manifestación pública de su fe y de oposición a las acciones contra su culto.

El altar es pequeñito. Hay una cruz sobre la mesa de consagración, pero atrás no hay un Cristo, sino un San Miguel Arcángel. Y al lado, una Guadalupana. A la derecha hay un corredor que da a las habitaciones de la casa y al fondo está el altar de la Santa Muerte adornado sólo con flores. Es la Iglesia Católica Apostólica Tradicional México-Estados Unidos, similar a la Romana y sin registro ante la Secretaría de Gobernación. Quienes no llegan con veladora de La Santa, pueden (o deben) pasar a comprarla con una señora que las vende junto a unas gallinas enjauladas, o con una joven que atiende un mostrador con productos devocionales. Monseñor Romo ora y va guiando a todos a “limpiarse” con la veladora para protegerse de cualquier hechizo. Al final riega con abundante agua bendita toda parafernalia de La Santa que la gente lleva para proteger sus hogares.

La Santa está presente

“A la bio, a la bao, a la bim bom ba, La Santa, La Santa, ra, ra, ra”. Aplausos, mariachi, “se ve se siente…”. Una pequeña verbena se realiza luego de rezar el Rosario. Aunque había partido de futbol de la Selección Nacional, tal vez fueron cinco mil personas las que se congregaron en la calle Alfarería, en la colonia Morelos, como cada día primero de mes desde hace más de siete años, frente al número 12. El altar (no parroquia, como equivocadamente dicen algunas fuentes periodísticas) forma parte de la fachada de la casa de la familia Romero. Doña Queta, con micrófono en mano, es la responsable de guiar el Rosario y las oraciones a La Santa durante casi una hora: “Santísima Muerte: creo en ti porque eres justa, lo mismo te llevas a un joven que a un viejo, a un rico que a un pobre”. Tomados de las manos y con la cabeza inclinada, el acto es sinceramente comunitario. El ambiente es cordial y respetuoso, familiar y con mayoría de mujeres, aunque uno que otro asistente guste fumar cigarros forjados que comparte con sus amigos, y no faltan quienes no pueden separarse del trapo con solvente.

Las imágenes de La Santa se han vuelto muy personales. No hay dos iguales. Cada quien le da un arreglo particular: una lleva alas como de ángel; otra, el manto cubierto de dólares; una más, con monedas doradas. Las hay de todos tamaños y colores. Desde las que requieren un vehículo para ser transportadas hasta las que llevan niñas pequeñas en sus mochilas. Otros asistentes gustan mostrar sus tatuajes en el tórax y brazos.

En la misma casa se ha habilitado una accesoria. Es una tienda que abre diario, en la que se venden amuletos, escapularios, pulseras, medallas, libritos, imágenes… lo que más se vende son las veladoras. Un treintañero, por ejemplo, pide en voz baja “una para la potencia”; una señora, “para la salud” y así toda la gente que va llegando. Algunos llevan la veladora a su casa y otros la dejan encendida frente al altar, tras haberse limpiado con ella.

Santamanía
Poco a poco hay más puntos de culto en la vía pública. El que está en la calle de doctor Vértiz de la colonia Doctores es uno de los más interesantes y conocidos; allí La Santa comparte el espacio con Malverde. Curiosamente, una cartulina dentro de la vitrina advierte: “No deje nada afuera porque se lo roban”. Otro altar en un espacio público es el construido en un jardín en la calle Matamoros, casi sobre Paseo de la Reforma. También las tiendas de productos esotéricos se han vuelto importantes escaparates del culto a La Santa. Algunas se especializan en ella: en el Pasaje Catedral —que va de la calle Guatemala a la de Venezuela, lleno de tiendas de productos para la liturgia católica— ya hay un local con sus imágenes, incluida una enorme y voluminosa a la entrada.
El culto a la Santa Muerte se propaga de manera viral, rizómica. A fin de cuentas se reduce a tener un altar en la casa o en el lugar de trabajo, a rezarle allí y ponerle ofrendas. En un país con tanta injusticia y necesidad de esperanza, a un culto así nadie lo va a parar. Ni la destrucción de sus altares.

El registro que no llega

• En el 2005 la Secretaría de Gobernación le retiró el registro de Asociación Religiosa a la Iglesia Católica Tradicional Mex-EU por rendirle devoción a la Santa Muerte.

• Ese mismo año, por primera ocasión, salieron a las calles los devotos con sus imágenes: a pie, en motocicletas, automóviles y camionetas llegaron al Zócalo, a las inmediaciones de la Residencia Oficial de los Pinos y a la Secretaría de Gobernación.

• Después de estas manifestaciones, esa iglesia adopta una nueva imagen: el Ángel de la Santa Muerte, pero no significa que olviden la tradicional.

• En el 2006 vuelven a solicitar su registro ante la Secretaría de Gobernación con el número de expediente 7/2006, y con el oficio AR-02-P/1442/2007 se les informa que a partir del 23 de julio se contabilizarán cinco años como lo establece la ley para otorgar el registro. No obstante, las iglesias en México pueden operar sin tener el registro de una asociación religiosa.

Anuncios