¿Se puede o no se puede? A un año del regreso del PRI a la Presidencia

Compromiso por México fue el nombre de la coalición electoral por la cual Enrique Peña Nieto llegó a la Presidencia de la República. El nombre hacía referencia a que el entonces candidato garantizaba que cumpliría sus promesas de campaña estableciéndolo por escrito y firmándolo, tal como había hecho en el estado de México cuando fue gobernador. Su principal ofrecimiento fue una mejoría en la economía de los hogares.

A casi un año de gobierno esos compromisos parecen guardados en algún cajón en turno al archivo muerto y sepultados en una comunicación social que se dedicó a dar maromas en las azoteas y a motivar con un juego retórico: no se puede, pero sí se puede. ¿Si se puede, por qué no lo ha hecho el presidente y su gobierno? ¿De veras sí se puede?

Se ha podido llevar a cabo una agenda muy ambiciosa para la aprobación de las reformas que el proyecto del presidente precisa necesarias para el desarrollo del país, gracias a la construcción del Pacto por México y su concreción en una mayoría parlamentaria. De modo que los legisladores de distintas filiaciones partidarias sí han podido ponerse de acuerdo para darle instrumentos al gobierno que le permitan promover el desarrollo económico, como la reforma laboral.

Pero es el gobierno el que no ha podido hacer su trabajo con eficacia en lo inmediato para mejorar las condiciones de vida de la mayoría de las familias o, al menos, para que no se deterioren más; la economía del país no creció, el empleo formal va a la baja y a la miseria se le atiende con asistencialismo hasta ahora, con la Cruzada contra el Hambre como programa estrella. Además de que no se ve para cuándo ni cómo la política social pase a ser auténticamente de desarrollo.

Si no se ha podido ha sido por una decepcionante gestión por parte del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, el hombre fuerte del presidente, responsable del subejercicio del gasto público los tres primeros trimestres de este año, lo cual sólo puede atribuirse a un uso político de éste, que no corresponde a las expectativas de la oferta de campaña.

El gobierno tampoco ha dado muestra de austeridad ni de hacer más eficaz y eficiente el gasto público. No ha sido capaz de darnos más y mejores resultados con los mismos recursos; por el contrario, demanda más y aumenta la tributación. Si no ha podido hacer más con menos, es que no ha habido voluntad de marcar un cambio al respecto.

Se pudo hacer una nueva política de comunicación social que quitó el tema de la inseguridad y el combate a la delincuencia organizada como el más importante, pero en los hechos no se ha podido reducir la criminalidad. Si han disminuido las ejecuciones, han aumentado las extorsiones; si en unas regiones aminora la confrontación entre carteles, en otras la violencia recrudece.

Un año después Michoacán presenta una situación más grave, su gobernabilidad se ha vuelto más precaria con la presencia de nuevos y diversos grupos armados que hacen evidente la incapacidad de que prevalezca plenamente el estado de derecho.

Hasta ahora la Secretaría de Gobernación no ha podido presentarnos a la flamante gendarmería que habría de encargarse de ser el cuerpo policiaco responsable de garantizar la seguridad, para proceder a la paulatino retiro de las fuerzas armadas de esta función; pero como van las cosas no se podrá ver en este sexenio que la Marina o el Ejército sean relevados de esta responsabilidad.

Se pudo llevar a prisión a una poderosa como Elba Esther Gordillo, pero no se ha podido hacer de la lucha contra la corrupción una política de Estado; la Secretaría de la Función Pública quedó en animación suspendida desde el inicio de la nueva administración, durmiendo el sueño de los justos literalmente, en espera de la creación de una nueva institución presumiblemente con relativa autonomía del presidente.

La Procuraduría General de la República pudo consolidar un expediente amplio y sólido en el caso de la líder magisterial, pero no ha mostrado proactividad para replicar este trabajo en otros peces gordos que a todas luces dan cuenta de un escandaloso uso personal de los recursos públicos.

Si no se ha podido al parecer se trata de un uso político, discrecional, de la procuración de la justicia conforme al cálculo de los beneficios que esto puede permitir; por ejemplo, el sindicato de trabajadores de Pemex ha sido el gran ausente en la discusión sobre la reforma que ha de afectar para bien o para mal a esta paraestatal y, por supuesto, al conjunto de su base trabajadora y dirigentes.

En suma, es un gobierno que ha podido hacer mucha política; pero que no ha podido darnos buenos resultados.

Anuncios