Helmut Newton, autobiografía

11952889Barcelona, RM Verlag, 2005.

Uno que no sabe de fotografía ni de fotógrafos habrá podido conocer el nombre de Helmut Newton (1920-2004) gracias a un gigantesco libro de desnudos femeninos, Sumo, publicado por la editorial Taschen en 1999 y puesto a la venta a un precio exorbitante. Por eso, puede resultar gratamente sorprendente descubrir en su autobiografía que el autor de esa obra monumental habla de sí mismo de un modo tan sencillo en su estilo como parco para referirse a sus logros profesionales.

Es todavía más grato hallar en este libro relatos sumamente divertidos respecto a su infancia en Berlín, cuando era berrinchudo, consentido, llorón, debilucho y lascivo. Fue allí a los quince años cuando tuvo conciencia de la importancia de la fotografía para él y aprendió las bases del oficio. Pronto, a los 18, pasaría un par de años en Singapur como refugiado, donde abrió su primer estudio fotográfico, aunque en realidad se ganaba la vida como gigoló. Desde entonces ya tenía en mente un objetivo: ser fotógrafo de la revista de modas Vogue. Luego, en Melbourne, pasó de recluso a soldado en un ejército en el que dedicaba más tiempo a las relaciones sexuales que a la milicia. Al finalizar la segunda Guerra Mundial obtuvo su baja, instaló su estudio y se casó con June Browne, su compañera para toda la vida.

Luego de una década y mucho trabajo fotografiando colecciones de moda, Helmut, quien para entonces había cambiado su apellido de Neustaedter a Newton, obtuvo una invitación para el suplemento australiano de Vogue inglesa y poco después un contrato en Londres, donde conoció el fracaso y supo lo que son las dificultades de tratar con editores terriblemente exigentes. París fue el lugar donde pudo desarrollar su creatividad y llevar a cabo ideas innovadoras a la vez que escandalosas, inspirándose en prostitutas en la vía pública para hacer fotos de moda: “tenían un talento innato para la moda que se reflejaba en lo que se ponían para atraer a clientes, una intuición para mostrar cuáles eran sus especialidades a través de la forma en que se vestían”.

Así, Newton tuvo una larga carrera en Vogue francesa y luego en la neoyorkina, así como importantes trabajos para Vanity Fair, de lo cual no hay en su texto una sola referencia las frivolidades que pueden estar presentes en un medio laboral como ese. Tampoco hay una sola mención de los premios y reconocimientos que obtuvo. En lugar de ello se dedica a hablar de su trabajo y de la importancia de la cámara fotográfica para él en los momentos más difíciles de su vida.

Sus relatos de encuentros y trabajos como retratista de líderes políticos y artistas —Dalí, Chirac, Waldheim, Kohl, Thathcher, Riefenstahl, ¡Le Pen!, entre otros— también pueden encontrarse sumamente divertidos. El caso es que para el príncipe del porno “hablar de los éxitos propios, grandes o pequeños, carece sencillamente de interés para el lector. De lo que trata este libro es de cómo llegar allí”.

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