¿Hacen falta más normalistas?

La cantidad de niños que cursen la primaria durante el presente ciclo escolar (2014-2015) será menor que la de hace 20 años, según calcula la Secretaría de Educación Pública (SEP). Numerosos planteles han cerrado el turno vespertino y se han convertido en escuelas de tiempo completo como resultado del cambio de la curva de población del país (la tasa de natalidad ha disminuido de manera constante desde 1968) y de la consolidación de la cobertura universal en este nivel educativo desde que Ernesto Zedillo fue secretario del ramo.

No obstante que desde entonces la matrícula de alumnos ha variado poco, la de profesores ha aumentado considerablemente, más de 8%. Hace 20 años había un maestro por cada 29 niños, ahora hay uno por cada 25. En los otros niveles de educación básica la situación no es muy distinta. En preescolar se ha reducido la demanda y en secundaria la proporción de maestros ha crecido mucho más que la de alumnos.

Matrícula en primaria

Ciclo escolar 1994-1995

Ciclo escolar 2013-2014

Alumnos

14,574,202

14,580,379

Maestros

507,669

573,238

Fuentes: INEE, Panorama Educativo de México 2013, p. 79 y SEP, Segundo Informe de Labores 2013-2014

¿Por qué entonces se ha contratado a más maestros en primaria? ¿Por qué se siguen creando plazas, si no aumenta la demanda?[1] No queda claro y no hay suficiente información pública disponible para saberlo. Es poco probable que tengan a su cargo grupos con menos alumnos, puesto que si se cierran turnos es porque hay menos grupos. Una posibilidad es que se trate de profesores en educación artística, física o especial. O que los gobiernos, por presión o acuerdo con el sindicato, tengan que contratar a egresados de escuelas normales y asignarles planteles aunque no haya vacantes. O que se reasignen funciones para trabajadores de la educación distintas a las de los docentes, como supervisores, asesores técnico pedagógicos, bibliotecarios o secretarios de la dirección.

El punto es: ¿Qué está pasando y qué va a pasar con los egresados de la Licenciatura en Educación Primaria egresados de las escuelas normales? En el ciclo escolar pasado había 17 mil 857 estudiantes de la Licenciatura en educación primaria (normalistas) en todo el país. De esos, 13 mil 440 correspondieron a normales públicas. (Matrícula ciclo escolar 2013-2014 por licenciatura) y calculemos entre cuatro o cinco el número de egresados anualmente. Salvo en las entidades en las que las secciones sindicales forman parte de la disidente Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), en la gran mayoría de los casos –como resultado de la reforma educativa por la que se decretó la Ley General del Servicio Profesional Docente (Art. 21) – estos deberán competir con egresados de universidades públicas y privadas para ganar las plazas en concurso de oposición.

Actualmente hay suficientes universitarios egresados de las carreras de educación o pedagogía que pueden ocupar las vacantes que se vayan presentando en primaria y preescolar. En secundaria bien pueden caber profesionistas formados en las áreas de especialidad de cada asignatura, como sucede en las escuelas privadas. Puede, por supuesto, plantearse una objeción: ¿Es mejor un licenciado en Historia o Geografía para las asignaturas correspondientes, que un egresado de la Licenciatura en educación secundaria? Lo más seguro es que en ambas posibilidades los puede haber buenos, regulares o malos tanto, tal como cualquiera de nosotros puede recordar de su paso durante esta etapa de su vida escolar.

Hay otra posible objeción: los normalistas poseen una mística fundada en un sentido de pertenencia a un sujeto moral, histórico y gremial denominado magisterio nacional. Especialmente en los casos de normales rurales, se supone que egresan con un compromiso que va más allá del aula y es el de ser promotores del cambio en sus comunidades ante situaciones de injusticia social y extrema pobreza. Sin embargo, cabe preguntarse si efectivamente han contribuido a ello o, qué tanto lo han hecho después de varias décadas de labor concientizadora, o si no es su rendimiento en el aula un factor más para prolongar esas condiciones de injusticia.

Una objeción más: ¿Quiénes les darían clases a los niños pobres de la sierra, la selva o el desierto si no hubiera normales de maestros? En tanto la educación básica en las grandes ciudades podría ir siendo cubierta en los perfiles docentes y directivos de los planteles por profesionistas distintos a los normalistas, es en el ámbito rural, particularmente en población indígenas, con mayores carencias o en situación migrante, donde las normales rurales habrían de ser insustituibles al respecto.

Si bien hay datos que pueden sostener esa afirmación, algunos otros permiten matizar ese supuesto o incluso refutarlo. Hay otros trabajadores de la educación que no son egresados de normales y han realizado esta labor desde hace muchos años. Se trata de los instructores comunitarios del Consejo Nacional de Fomento de la Educación (Conafe), quienes son los responsables de las tareas docentes de la modalidad de educación comunitaria, la cual se encarga de la población “que habita en las zonas rurales, indígenas, migrantes, de alta y muy alta marginación y/o rezago social en comunidades dispersas y de poca población” (SEP, Segundo Informe). Son comunidades tan pequeñas que promedian a diez alumnos por escuela (INEE, Panorama Educativo de México 2013).  Los instructores comunitarios son jóvenes egresados de bachillerato remunerados con una beca, para los que se trata de un “servicio social educativo” eventual y no un plan de vida, al que dedican uno o dos años. El Conafe atendió a 320 mil niñas y niños durante 2013.

Lo significativo para esta argumento es que no ha resultado indispensable la labor de las escuelas normales rurales para atender el servicio educativo en comunidades de muy alta marginación. Hace falta un estudio que nos muestre la información de qué proporción de egresados de estas normales trabaja en centros urbanos y rurales. La evidencia es que en las capitales de los estados y en los comités seccionales sindicales están adscritos muchos de ellos.

Además, no todos los que están frente a grupo o comisionados con plaza de profesores son egresados de alguna normal ni están titulados debidamente. Hay una cantidad indeterminada de ellos que al haber comprado su plaza o habiéndoles sido heredada no tuvieron que haber cursado los estudios correspondientes y es posible que hayan accedido a esta con estudios inferiores, con preparatoria incompleta o menos que ella.[2]

Un dato que permite argumentar sobre la necesidad de transformar radicalmente a las normales o de plano cerrar su ciclo histórico es que el nivel medio superior la matrícula se ha duplicado en los últimos veinte años y deberá volver a hacerlo en los próximos años para atender la creciente demanda. Sin embargo, es para este nivel para el que las escuelas normales tienen menos posibilidades, pues el perfil de la vacante docente equiere egresados de maestría y en muy pocas normales se puede cursar posgrado.

Recién aprobada la reforma educativa, la SEP consideró, según versiones periodísticas, la posibilidad de la “desaparición del Sistema de Normales” y someter “a revisión la instancia en que puedan formarse los profesores, que podrían ser en las universidades”. Sin embargo la desaparición o asesinato de los estudiantes de Ayotzinapa no solo ha cancelado, por criterios políticos y no académicos o administrativos, la posibilidad de que las escuelas normales cierren su ciclo sino la  idea misma de reorganizar la educación pública.


[1] En el Presupuesto de Egresos de la Federación 2015 (Anexos 7 y 24) hay asignaciones que suman más de mil millones de pesos ($1,059,683,054) para creación de plazas, de los cuales al menos 900 millones son para educación básica, normal, tecnológica y de adultos, pero tampoco hay información para saber en qué proporción corresponden a cada una de éstas.

[2] Tres de cada diez profesores de secundaria no cuentan con título de profesor, según cifras publicadas por el INEE. Inclusive entre los directores de este nivel la proporción es prácticamente la misma de los que no cuentan con título. En Oaxaca es casi idéntica la proporción que hay entre titulados y no titulados, 54 por 46 de cada cien, respectivamente. Lo sorprendente es que en el Distrito Federal el dato no es muy distinto. Sólo el 58.3 en este nivel están titulados. De los docentes encargados de dar educación especial, sólo la mitad de ellos cuentan con título. Supuestamente se trata de personal mayor de 55 años que estudió la normal básica (nivel bachillerato), pero queda la duda si la cifra encierra a quienes concluyeron la normal (nivel licenciatura) y no han cumplido con algún requisito para su titulación o en qué dejaron inconclusos sus estudios.

Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

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