Vivir sin ellos. Animales y plantas chilangos en peligro de extinción

Al menos 75 especies endémicas de la Ciudad de México se encuentran
en riesgo de desaparecer. El gobierno, en lugar de impulsar su supervivencia,
reduce año con año el presupuesto para cuidar su hábitat.

 

Coyotes, patos, chapulines, maíz, flores y ahuehuetes, entre muchos animales y plantas, forman parte de la iconografía que representa los distintos rumbos o zonas de la Ciudad de México, y junto con los volcanes y montañas que delimitan el extenso valle que habitamos forman imágenes en las que nos reconocemos. De hecho nuestro escudo nacional simboliza a las especies de la naturaleza que narra el mito de la fundación de Tenochtitlán, y que son —o fueron— típicas del Centro de México: el águila real, la serpiente de cascabel y un nopal florecido sobre una peña que emerge del lago. A ello se añadieron una rama de encino y otra de laurel.

El nuevo billete de 200 pesos, en circulación desde septiembre del año pasado, nos presenta en su reverso al ecosistema de desiertos y matorrales de la reserva de la biósfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar, en Sonora, reconocida como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Ahí vemos, precisamente, a un águila que sobrevuela esta región, como el territorio de la nación independiente que conmemora en su anverso con los rostros de Hidalgo y Morelos.

De manera análoga, el prototipo del billete de 50 pesos que el Banco de México emitirá en 2022, lleva la imagen de un ajolote, propio de Xochimilco, como un símbolo de la mexicanidad y orgullo de ella, en un lugar que antes correspondió a héroes de la patria como Morelos, Allende y Juárez. Así de importante es la biodiversidad como parte de nuestro patrimonio cultural, económico y vital. Al menos en apariencia.

Sabemos que el ajolote es una especie que se halla a punto de extinción en su hábitat natural y que sobrevive en criaderos protegidos. Desafortunadamente, varias otras especies de nuestra ciudad se encuentran en una situación semejante sin que se destinen los recursos necesarios para su protección. “Por lo menos tenemos cinco años que ha habido recortes en el presupuesto de la conservación y esto ha mermado mucho de los programas de conservación de las especies”, de acuerdo con la María Esther Quintero Rivero, subcoordinadora de Especies Prioritarias de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).

Respecto a ese presupuesto, con información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), puede constatarse que sí ha disminuido la cantidad de dinero que el gobierno federal destina a este rubro. Por ejemplo: la Comisión Nacional de Áreas Naturales y Protegidas tuvo un presupuesto de 1,132 millones en el año 2018 y para este 2020 se ha reducido a 869.5 millones. Y La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) pasó de 898 millones en 2018 a 793 millones en este año.

En lo que se refiere al gasto para Conservación y Aprovechamiento Sustentable de la Vida Silvestre para todo el país, en 2018 tuvo más de 197 millones de pesos, 145 millones en 2019 y para este año es de solo 100 millones; y el  Programa de Recuperación y Repoblación de Especies en Riesgo tenía 141 millones de pesos en 2018, para el año 2019 se redujo a 87 millones y para el actual el programa ya no existe como tal, sino que se fusionó con el de Manejo de Áreas Naturales Protegidas, con el que comparte recursos aún más reducidos.

La situación no es mucho mejor ni siquiera para el ajolote. El investigador Luis Zambrano González, del Instituto de Biología de la UNAM, considera que “si Xochimilco tuviera el financiamiento necesario, todo el hábitat podría restaurarse en relativamente poco tiempo”, lo que equivaldría a una cantidad de alrededor de 20 millones de pesos al año, y se podría, incluso, reactivar la agricultura tradicional chinampera.

Biodiversidad en riesgo

La Conabio, organismo intersecretarial del gobierno federal, identifica en peligro de extinción a las siguientes especies animales: tres aves: el gorrión serrano, el rascón azteca y el hormiguero cholina; un pez, el mexclapique; dos anfibios, la rana Tláloc y el ajolote; un reptil, la serpiente cascabel de bandas cruzadas; y un mamífero, el conejo teporingo. En lo que se refiere a las especies vegetales, éstas son: un arbusto, el laurel de la sierra; una cactácea, el coamecaxóchitl o floricuerno; un helecho, el azul, y tres árboles: oyamel, pino azul y piñonero llorón.

Entre estas especies, algunas se clasifican como nativas y otras como endémicas. El biólogo Jorge Servín Martínez, del Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre de la UAM Xochimilco,explica que las nativas son originarias de determinada región, pero que se hallan también en otras partes, mientras que las endémicas son especies exclusivas de determinado lugar. En este caso, nuestra capital. La Secretaría del Medio Ambiente capitalina (Sedema) lo confirma y añade el registro de 30 especies de orquídeas nativas del Valle de México cuyas poblaciones solamente se hallan en la reserva del Pedregal de San Ángel.

Junto con los que están clasificados como en peligro de extinción, hay otra categoría que identifica a las especies como amenazadas: son las que se encuentran en probable riesgo de desaparición en caso de que las condiciones que atentan contra su supervivencia perduren o se agraven. Si consideramos el total de las que están clasificadas en ambas categorías, la cifra llega a 75, incluyendo entre las endémicas a la biznaga, el árbol de manitas y la rana Tláloc.

Estos son algunos de los animales y plantas, chilanguísimos todos, que necesitan que las autoridades garanticen su protección y que los ciudadanos actuemos con responsabilidad para que puedan perdurar, pues su riesgo de de extinción es principalmente consecuencia de nuestras acciones.

Teporingo.- Es pequeñito, de color pardo y con una cola diminuta. También le llaman zacatuche porque se alimenta de zacate o también se le conoce como conejo de los volcanes, puesto que es propio de las laderas del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, así como del volcán Tláloc de Milpa Alta y el Ajusco. Aunque llegó a habitar inclusive en zonas de Ixtapaluca y Texcoco, ahora se encuentra en peligro de extinción tanto por la ampliación de zonas de cultivo que han acabado con  muchos pastizales, como por la acción de animales depredadores y cacería ilegal.

Gorrión serrano.- Es un pájaro pequeñito de no más de doce centímetros de largo. Su espalda, alas y cola son de color ladrillo con líneas oscuras y su pecho es blanco. Ssu población se restringe al sur del Valle de México, a los remanentes de zacatonal de las alcaldías de Tlalpan y Milpa Alta. Su principal amenaza es que cada vez tiene menos sitios para anidar y el pastizal donde lo hace se ha reducido muchísimo.

Mexclapique.- Tras la extinción de varios tipos de carpa propia de los canales y lagos de la capital, el mexclapique o mexcalpique fue uno de los peces más abundantes de los canales y lagos de la cuenca del Valle de México, pero actualmente apenas se le puede encontrar en algún canal de San Gregorio, en la alcaldía Xochimilco o en zonas protegidas como el lago Nabor Carrillo en Texcoco. Mide apenas de una a dos pulgadas, por lo que no resulta de interés para la pesca, factor entre los que le ha permitido sobrevivir, así como su adaptabilidad a sobrevivir en estanques o cambios en su alimentación.

Rana de Tláloc.- Se le conoce también como rana tlaloci. Su coloración en tonos cafés es manchada o de tipo leopardo y alcanza a medir poco más de seis centímetros. Aún es posible llegar a encontrarla en el lago de Xochimilco por lo que también se le llega a conocer como rana de Xochimilco. Su nombre está relacionado con que se parece a las figuras en piedra halladas en los templos mexicas a Tláloc, como puede verse en el Templo Mayor en el Centro.

Rana fisgona mayor.- Su nombre no debe de confundirnos en cuanto a su tamaño: es pequeñísima. Se caracteriza también por su color pardo y el pecho blanco cuando lo infla, pero sobre todo porque su croar asemeja a un silbido o a la estridulación de los grillos. También es conocida como rana del pedregal porque es endémica de nuestra ciudad y habita en los campos de lava del volcán Xitle.

Cacomixtle.- Conocido también como gato minero. Su nombre en náhuatl es Tlacomiztli, que quiere decir mitad felino, y de su pronunciación parece derivarse su nombre en español. Su color es pardo, pero el contorno de sus ojos es mucho más claro y en forma de antifaz, y como su cola es de pelo largo y esponjado y con rayas oscuras, parece un pequeño mapache cuyo cuerpo no es mayor a cuarenta centímetros. Diversas fuentes periodísticas lo mencionan como en peligro de extinción, pero sus hábitos nocturnos y su capacidad para comer de todo le han permitido adaptarse a la pérdida de las áreas boscosas de Tlalpan, Cuajimalpa y los municipios mexiquenses aledaños, por lo que de vez en cuando se le llega a ver hurgando en la basura de zonas habitadas o en algún parque.

El ajolote, un caso aparte

Con toda seguridad se trata de la especie en condición crítica más conocida, tal vez por su expresión que parece sonriente, pero sobre todo por la difusión que se ha hecho sobre sus propiedades como la que se refiere a la capacidad para regenerar sus órganos, de las que se espera obtener conocimientos aplicables para el campo de la medicina.

Zambrano González, especialista en ecología de la conservación, nos hace la observación de que aún pueden hallarse en algún canal de Xochimilco y que su color en la naturaleza es oscuro. No hay una variedad en blanco o tonos claros, sino que se trata de ejemplares albinos, los cuales son reproducidos mayormente en laboratorios porque facilitan la observación sobre algunos experimentos. Otro detalle es que en las patas delanteras tiene cuatro dedos y en las traseras cinco. Si se ve alguna ilustración o dibujo distinto de esta descripción, se trataría de un error del autor o de un ejemplar excepcional.

Un riesgo adicional es el de la comercialización de los ajolotes. Inclusive en Walmart se puede adquirir un ajolotario o “Kit para Ajolotes” por menos de mil 400 pesos. El riesgo es que, aunque criados en cautiverio, pueden estar infectados y contagiar a otros ya sea al liberarlos o al introducirlos en algún acuario. Su compra debe hacerse exclusivamente en los criaderos indicados y por ningún motivo en un tianguis o con particulares a través de internet. Sea como sea, lo mejor es no comprar ajolotes.

De acuerdo con Servín Martínez, además de las causas más conocidas que ponen en riesgo a las especies animales, como la ocupación de su hábitat y la contaminación, está la introducción de especies de animales domésticos como perros y gatos, e incluso la liberación de pericos, patos, peces, ranas y otras más que no pertenecen a esta región y se convierten en especies invasoras que desplazan a las nativas. No solo el crecimiento de ratas y cucarachas puede considerarse como plaga: también la población de palomas y ardillas ha aumentado de manera incontrolada por culpa de la intervención de personas que insisten en alimentarlas.

“En realidad no se sabe bien cuántas especies de peces hay en los canales y en qué situación se encuentran —comenta Zambrano—. Perduran una o dos, mientras que hace unos veinte años se hallaban entre ocho y diez, de acuerdo con un censo que entonces elaboró el Instituto Politécnico Nacional. Tanto a la Secretaría de Medio Ambiente del gobierno federal como a la de la Ciudad de México les corresponde hacer este trabajo, pero no se ha hecho”.

Plantas nativas y endémicas

En lo que se refiere a factores que afectan la conservación, de acuerdo con la ecóloga Marisa Osuna Fernández, profesora del Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco, de la UAMX, entre los principales factores que afectan a las plantas nativas y endémicas de nuestra ciudad está “la introducción de especies exóticas que las desplazan”, como pueden ser plantas de origen africano. Pero apunta especialmente a la falta de conocimiento y a que  quienes están al frente de la planeación y ejecución de proyectos para la conservación de áreas verdes no son biólogos, por lo que atienden más a criterios ornamentales y políticos, lo que ocasiona cambios en el microclima y en la conservación de los mantos acuíferos en detrimento de nuestro ecosistema.

Árbol de manitas.-  Debe su nombre a su característica más llamativa, da unas flores en tonos rojizos cuya forma asemeja a pequeñas manos y su nombre prehispánico es macpalxóchitl, que quiere decir precisamente flores-dedos. Se trata de una especie cuyo valor trasciende en la cultura y la historia de México, pues se halla presente en el Código Florentino de fray Bernardino de Sahagún, quien da cuenta del uso medicinal de su savia entre los mexicas, motivo por el cual formaba parte de los jardines de Moctezuma en Tenochtitlán y de Nezahualcóyotl en Texcoco. La ecóloga Osuna Fernández, explica que su preservación también radica en su “dificultad para trasplantarlo”, pues difícilmente enraiza a partir de un tallo.

Coamecaxóchitl.- Cactácea que se le conoce como floricuerno o flor de cuerno. Se dice que su forma es parecida a una cuerda o a una culebra pues su tallo es flexible y crece largo como una enredadera o guia sobre el suelo. Es por ello que en su etimología náhuatl significa flor del mecate de la culebra. De sus erizos nacen flores color escarlata. Especie ampliamente cultivada desde la época precolombina, pero en la actualidad existen pocos registros de ella en estado natural.

Biznaga del Pedregal.- Cactus pequeño y de forma redonda del que brotan unas hermosas flores color violeta. El nombre científico es mammilaria y hay una subespecie que se denomina san-angelenssis por ser endémica de la zona de San Ángel, en el pedregal precisamente. De acuerdo con Osuna Fernández, una de las principales causas de amenaza para esta especie, y en general para las cactáceas, es que son sustraídas del suelo en que se hallan, para comercializarlas entre quienes las demandan para fines ornamentales en sus casas.

¿Y los insectos?

El entomólogo Francisco Cervantes Mayagoitia, autor de la Guia de ácaros e insectos herbívoros de México, considera que no puede hablarse de extinción de insectos en lo que se refiere a nuestra entidad, pero confirma que efectivamente muchos han ido desplazando sus poblaciones hacia afuera de la zona metropolitana y que sí hay una reducción de la presencia de polinizadores, como abejas, libélulas y mariposas, unas a causa del entubamiento de ríos y otras por la aplicación de plaguicidas.

El profesor del insectario de la UAMX explica que el desplazamiento de ciertos insectos de nuestra ciudad, en algunos casos tiene consecuencias no deseadas, como pueden ser mayores riesgos para nuestra salud. Un adecuado equilibrio en un ecosistema es la mejor manera para controlar plagas. Por ejemplo, al reducirse la cantidad de catarinas, aumenta la cantidad de pulgones que se alimentan de las flores de ornato que cultivamos, por lo que hay que emplear insecticidas para combatirlos. Sin libélulas y ante la reducción o ausencia de ranas o ajolotes, la consecuencia es que haya nubes de mosquitos mucho más resistentes a la contaminación, que se dispersan y que pueden ser transmisores de enfermedades.

Buenas noticias

El ajolote, el conejo teporingo y el gorrión serrano son tres especies emblemáticas de la capital que pueden considerarse como casos de éxito para lograr su preservación. En el primer caso, gracias a la intervención de la UNAM y la UAM; y en los otros, gracias a los esfuerzos de brigadas de las comunidades para ayudar  a restaurar los hábitats, lo que implica, por ejemplo, replantar pastizales.

Pero estas especies tienen otro problema. De acuerdo con Quintero Rivero no hay donde reintroducirlas, y hasta que no se cuente con hábitats restaurados no se puede hacer más por ellas. Asimismo, asegura que existen esfuerzos muy importantes por conservar todas las variedades nativas de maíz y chile, que no son las que comemos regularmente, pero que comienzan a producirse para comercializarse y mantener la agrobiodiversidad. En este sentido, los programas gubernamentales son relevantes. “Si se quiere tener éxito en la conservación de las especies hay que aliarse con las comunidades locales”, subraya.

De acuerdo con el especialista, fuera de especies emblemáticas como es el ajolote, existe muy poca información sobre las especies que viven en la Ciudad de México. Por ejemplo, “hay dos tarántulas endémicas, la tarántula del pedregal y la tarántula cavernícola o chilanga, cuyo nombre científico es Hemirrhagus chilango, pero no tenemos idea de cómo están sus poblaciones. Se han encontrado otras dos, pero no se sabe si son endémicas, no están descritas ni tienen un nombre científico. Es un ejemplo de lo mucho que hace falta por conocer”.

Para saber más

Los siguientes sitios web te dan toda la información que quieras conocer sobre nuestra diversidad. ¡Consúltalos!

Enciclovida: http://enciclovida.mx/

Biodiversidad mexicana: https://www.biodiversidad.gob.mx/

La biodiversidad en la Ciudad de México: https://www.biodiversidad.gob.mx/region/EEB/pdf/Volumen%202-cdmx_web.pdf

Nuestra ecorregión

  • Lo que conocemos como Valle de México forma parte de la región denominada Cuenca de México y, a su vez, pertenece al cinturón volcánico transmexicano.
  • Existen veintitrés áreas naturales protegidas, de las cuales ocho son de competencia federal y quince del Gobierno de la Ciudad.
  • El Valle de México no es una sola ecorregión sino una combinación de ecosistemas.
  • En la Ciudad tenemos 7 de los 10 tipos de vegetación reportados para todo el país. En conjunto equivalen a la mitad del territorio de nuestra entidad.
  1. Bosque de oyamel, en Cuajimalpa, Álvaro Obregón y Magdalena Contreras.
  2. Bosque mesófilo (de montaña), en Magdalena Contreras
  3. Bosque de pino, el ecosistema más extenso, en Cuajimalpa, Álvaro Obregón, Magdalena Contreras, Tlalpan y Milpa Alta.
  4. Bosque de encino, en Tlalpan, Xochimilco y Milpa alta.
  5. Bosque mixto, en Milpa Alta y Cuajimalpa.
  6. Pastizal y pastizal de alta montaña, en Cuajimalpa, Álvaro Obregón, Magdalena Contreras, Tlalpan y Milpa Alta
  7. Matorral xerófilo, de las zona seca, en serranías de Xochimilco y Milpa, Alta, así como en las sierras de Guadalupe y Santa Catarina de Iztapalapa.

Fuente: Conabio y Sedema, La biodiversidad de la Ciudad de México, 2016

Publicado en Chilango impreso, julio de 2020.

https://www.chilango.com/revista/edicion-julio-2020/#page=1

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